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CONCIENCIA
ESPIRITUAL Y EMPATÍA
La empatía es la
esencia de la
conexión profunda en
las relaciones
personales. Es la
habilidad psíquica
para detectar las
señales externas que
indican mas allá de
lo que se ve y se
escucha, lo que
sienten, quieren y
necesitan los demás.
La empatía nos
permite comprender
entre líneas las
emociones de otros.
La empatía es la
lectura emocional
del otro, más allá
de lo que se ve con
los ojos, y se
escucha con los
oídos, se percibe lo
que hay en el nivel
intangible que
trasciende lo
evidente, se
escuchan los
sentimientos, los
significados, la
conducta, se intuye
lo que hay detrás de
las apariencias, se
escucha con el
corazón, con el
alma. Se percibe la
verdad del ser.
La Empatía es puro
amor en acción.
La habilidad de ser
empático determina
radicalmente el
nivel y la calidad
de las relaciones.
Para establecer una
comunicación y
relaciones de alto
nivel, es necesario
desarrollar la
conciencia
espiritual y la
habilidad de ser
empático. La
comunicación, y las
habilidades para
comunicarse, son un
arte que se aprende.
De manera que, la
maestría personal
para comunicarse se
va adquiriendo en la
medida que
desarrollamos la
habilidad de la
empatía motivada por
la conciencia
espiritual.
La conciencia
espiritual y la
empatía son nuestra
más elevada
contribución
al nivel y calidad
de nuestras
relaciones.
La empatía requiere
que prestemos toda
nuestra presencia y
atención a los
sentimientos,
emociones y
necesidades de los
demás. Sin embargo,
¿cómo ser empáticos
cuando no están
satisfechas nuestras
necesidades
personales y
espirituales
básicas? Para ser
empáticos, es
necesario estar
internamente
conectados e
integrados con
nuestro mundo
interior, tener
cierto grado de
autoconciencia y
autosatisfacción
personal para poder
efectivamente
asistir y comprender
a otros.
De acuerdo con el
eminente psicólogo
Abraham Maslow, el
objetivo del
desarrollo personal
es la realización
personal, y
definitivamente,
realización personal
no es realización
económica ni
profesional. La
realización personal
es producto de un
nivel y un estilo de
vida que trasciende
los niveles de lucha
por la
supervivencia,
búsqueda de
seguridad, búsqueda
de aceptación ó
aprobación externas.
La realización
personal es producto
de un nivel de
conciencia, de
conciencia
espiritual.
La realización
personal requiere un
nivel y estilo de
vida
autoreferenciado,
autoresponsable y
libre, enfocado y
dirigido de adentro
hacia fuera,
motivado e impulsado
por un elevado nivel
de conciencia
personal y
espiritual.
La conciencia
espiritual es la que
constantemente nos
previene y alerta,
que nuestra forma
conducirnos y todo
lo que hacemos en
nuestra vida,
influye y afecta a
las personas que nos
rodean, que
afectamos e
influimos en el
medio que nos rodea,
que dejamos huellas,
que constantemente
ejercemos un impacto
en la vida de los
demás, y que somos
los responsables de
que ese impacto, sea
beneficioso,
edificante y
positivo. La
conciencia
espiritual es la que
te advierte que a
cada paso que des,
consideres cómo
estás afectando a
otros, con tus
actos, con tu
conducta, con tu
actitud, con tus
palabras, con el
modo en que eliges
conducirte, con tu
presencia ó con tu
ausencia. La
conciencia
espiritual nos
recuerda que nuestra
existencia, y
nuestras acciones,
tienen una
repercusión y
trascendencia en el
mundo que nos rodea,
en las personas con
las que nos
relacionamos ó
tenemos algún tipo
de contacto, y que
es nuestra
responsabilidad que
esa repercusión sea
para el beneficio y
bienestar de todos
los que directa ó
indirectamente de
verán afectados por
lo que hacemos, y
que también es
nuestra
responsabilidad
vigilar
minuciosamente que
ningún implicado sea
perjudicado en
ningún sentido. El
descuido y la
desconsideración
hacia los demás, son
debidos a falta de
conciencia
espiritual. Son
producto de la falta
de conciencia
espiritual: la
impuntualidad, la
deshonestidad, los
desplantes, la falta
de delicadeza, no
cumplir la palabra
dada, la ligereza de
palabra, faltar a
los acuerdos, ó no
cuidar que las
relaciones estén
efectivamente
planteadas y
establecidas en
términos
ganar–ganar.
La conciencia
espiritual nos
alerta y previene
del alcance y
resonancia que tiene
todo lo que hemos
hecho y hacemos en
nuestro tránsito por
esta vida, y que
somos los
responsables de no
causar ningún tipo
de daño a nadie. La
conciencia
espiritual nos
inspira y motiva a
ser
incondicionalmente
serviciales,
generosos, amables,
cuidadosos, atentos
y considerados con
todas las personas
con las que nos
relacionamos, y con
todos los que se
verán afectados por
nuestra influencia y
presencia en sus
vidas. La conciencia
espiritual te
recuerda que no eres
el único que existe,
que hay personas a
tu alrededor que se
están viendo
afectadas por lo que
haces, por tu
conducta, por tu
manera de vivir, y
que es tu
responsabilidad
tomar conciencia del
impacto que ejerces
con tus actos, y que
los elijas y medites
concientemente, para
prevenir la calidad
de su repercusión en
los demás.
Hacernos cargo de
nosotros mismos,
trabajar en nuestra
depuración
emocional,
restablecer la
propia paz y
equilibrio interior,
es lo que nos
habilita para
aportar empatía, de
otro modo, no se
está capacidad de
hacer aportes ni
favorables y ni
beneficiosos para
otros. Cuando se ha
trabajado en
profundidad en sí
mismo, en la
exploración e
integración del
propio ámbito
emocional y
espiritual, resulta
fácil acceder al
mundo interior del
otro, y comprender
lo que
verdaderamente le
ocurre. El efecto
sanador que se
produce en la
psicoterapia es
justamente debido a
esto. El terapeuta,
además de que su
intervención y
participación están
sustentadas por
principios
espirituales, y por
un profundo nivel de
compromiso personal
con su misión de
vida, cuenta con un
conocimiento
personal sustentado
por el hecho de
haber trabajado en
profundidad en sí
mismo, y haber
tenido su propia
experiencia en la
exploración e
integración de su
mundo interior, aún
cuando por tratarse
de un ser humano, le
quede por delante
mucho por explorar,
descubrir e
integrar. Sin
embargo, un amiga ó
amigo sensible, con
cierto grado de
autoconciencia, y
que además, tenga la
buena disposición de
dedicarte su
atención, su energía
y su tiempo, aún sin
contar con el
conocimiento
específico, pudiera
proporcionar un
grado similar de
comprensión
emocional.
De manera que, sea
en sesiones de
psicoterapia, ó con
algún amigo ó amiga
íntimo, no hay
manera de que se
produzca
autoconciencia,
honestidad emocional
y sinceración de la
propia vida, sin ser
asistido
empáticamente, dado
que hay muchas cosas
que no alcanzamos a
ver, clarificar ó
comprender por
cuenta propia, nos
llevaría muchísimo
tiempo, y un arduo
trabajo lograr
esclarecer nuestro
mundo interior en el
aislamiento, y el
ensimismamiento de
nuestra mente.
Necesitamos la
información correcta
y suficiente,
necesitamos nueva
información,
necesitamos otra
visión, otra
percepción,
necesitamos ayuda
para facilitarnos
las cosas, y para
efectivamente
sincerarnos y ver la
verdad. Los
beneficios y efectos
de la empatía hacen
que la persona caiga
en cuenta de, se
conecte con sus
sentimientos y
emociones, se acepte
y se comprenda,
pueda crecer,
evolucionar y se
sienta motivada a
producir cambios
profundos en su
vida. Es un gran
privilegio poder
contar con alguien
que nos asista y nos
escuche empáticamente. El
oyente empático
logra dar en el
clavo con lo que
piensas y sientes,
acierta con aquello
que quieres decir,
te dice lo que
necesitas escuchar
(que no
necesariamente es lo
que quieres
escuchar), puede
conectarse mental y
emocionalmente hasta
“adivinarte” en qué
estás pensando ó qué
tienes en mente,
entiende lo que
pudieras estar
deseando o
necesitando, aún
cuando no tengas
conciencia esa
necesidad. Contar en
la vida con alguien
así es una gran
bendición, un
privilegio, merecen
toda nuestra honra y
gratitud, sin
embargo, esas
personas son seres
humanos que
necesitan tanta
empatía como
nosotros, la
conciencia
espiritual nos
recuerda esto.
La conciencia
espiritual y la
empatía mutua son lo
que nutre y
fortalece relaciones
saludables,
profundas,
nutricias,
edificantes y
duraderas.
La conciencia
espiritual y la
empatía mutua son
requisitos para el
mutuo entendimiento
y comprensión, nos
mantienen juntos y
unidos.
La conciencia
espiritual y la
empatía mutua son
las claves
de una verdadera
amistad, de una
relación
trascendente y
profunda.
La empatía afianza
compromisos de
corazón a corazón,
reafirma y renueva
la conexión entre
nuestras almas.
La falta de
conciencia
espiritual y la
carencia ó ausencia
de empatía, se
hallan en la raíz de
la desunión, los
malentendidos y la
discordia en las
relaciones, también
se hallan en la raíz
de la
insatisfacción, los
conflictos y la
ruptura en las
relaciones de
pareja.
La Conciencia
Espiritual y la
Empatía son la base
de la comunión y la
armonía en las
relaciones.
La Empatía es la
habilidad de
percibir y escuchar
con el alma y el
corazón,
Las dificultades
para ser empático
están vinculadas a
heridas emocionales
y asuntos no
resueltos, que
incapacitan para
estar disponible y
abierto para asistir
y comprender
verdaderamente a
otros, porque
simplemente primero
se requiere hacer
eso para sí mismo.
Ser empático exige
total presencia,
atención y conexión
con el otro, sentir,
escuchar y
comprenderle, a un
nivel que trasciende
las palabras,
ponerse en su lugar,
descubrir más allá
de sus palabras y su
conducta, centrar la
atención en leer
tras bastidores lo
que le ocurriendo,
lo que necesita, lo
que está sintiendo.
El mensaje
intangible es
constantemente
enviado, la empatía
hace que lo captemos
y recibamos. Todos
los seres humanos
anhelamos éste grado
de conexión,
comprensión y unión,
que nos hace sentir
completos,
aceptados,
valorados, seguros,
amados y
reconfortados. La
empatía mutua nos
permite acceder a
ese nivel de
conexión. Ser empático requiere un
compromiso personal
y espiritual
profundo consigo
mismo, y con el
otro, un compromiso
de corazón a
corazón, que
indiscutiblemente,
debería ser
recíproco, y esa
reciprocidad es
producto de la
conciencia
espiritual.
Ser empático es una
ofrenda, un acto de
honra y entrega al
otro.
Nuestra mejor
contribución con el
otro es ayudarle a
llevar lo que siente
y desea a su
expresión más
elevada.
La conexión empática
produce efectos y
cambios milagrosos
en las personas y en
las relaciones
la Empatía es la
clave para la
restauración y
renovación
de las relaciones
Si Usted realmente
está interesado en
promover cambios
fundamentales y
positivos en sus
relaciones, aprenda
a ser empático,
trabaje para
desarrollar ésta
mágica habilidad. Si
realmente quiere
acercamiento y
unidad, comprométase
a ser empático. Si
realmente quiere
recuperar ó mantener
una amistad ó alguna
relación importante
para usted,
simplemente tome la
iniciativa siendo
empático,
comprométase
manteniéndose
presente, y ofrezca
empatía cada día,
cada vez que se
requiera.
Ser empático es ser
nutricio, es ser uno
con el otro,
Ser empático es
aceptar y honrar tu
propia humanidad, y
la del otro es
descubrir y
reafirmar lo mejor
del otro
a pesar de las
apariencias,
Ser empático le da
el poder de
inyectarle aire
fresco
camaradería e
intimidad a cada
encuentro, a cada
relación
La falta de empatía
hace que la relación
pierda su esencial
sentido de
trascendencia, su
esencial sentido
humano y espiritual,
se vuelve banal,
superficial o peor
aún, se vuelve
simplemente
funcional.
El efecto sanador de
la conexión empática
y la conciencia
espiritual
constituyen nuestra
más elevada
participación y
contribución al
nivel y calidad de
las relaciones.
La clave de la
empatía está en
focalizar toda su
presencia y atención
en los fragmentos
clave de la
comunicación, hay
una esencial
información que se
revela tras
bastidores, mientras
escucha y siente con
el alma, mientras
percibe entre
líneas, mientras
Usted le abre su
corazón al otro, y
le ofrece un espacio
cómodo y seguro para
que el otro pueda
abrir el suyo, en un
acto de reverencia
hacia la relación,
hacia sí mismo y
hacia su
interlocutor.
Dar y recibir
empatía, nos ayuda a
restablecer nuestro
equilibrio interior,
a sentirnos
reconfortados con
nosotros mismos, a
seguir adelante
renovados en nuestra
vida. La empatía es
clave para la mutua
sanación y
transformación tanto
interior como
exterior. Nos aclara
el panorama para
elaborar
acertadamente una
nueva y mejor
perspectiva, para
deslastrarnos de las
creencias e ideas
limitantes y
restrictivas, de
malos hábitos y
conductas negativas
y hostiles, nos
ayuda a liberarnos
de aquello que nos
hizo errar, y
sustituirlo por un
nuevo enfoque, una
nueva percepción,
una nueva visión,
que luego hemos de
concretar en nuestra
vida con un cambio
de actitud, de
conductas, nuevas
directrices, nuevos
lineamientos, nuevas
decisiones,
coherentes, más
saludables,
positivas y
evolucionadas.
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