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Sobre el testigo. |
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Un testigo da su palabra, compromete su palabra y con ella su
honor y su vida; pero no siempre se hace caso al testigo, ni se
le tiene en cuenta.
El testigo, por dar su palabra, es una voz; una voz que afirma
la verdad, que defiende los derechos de la verdad; pero una voz,
que en muchas ocasiones resuena en el desierto, vale decir, una
voz que nadie escucha, a quien nadie hace caso.
Pero lo importante del testigo no es tanto que sea una voz
escuchada y aceptada, cuanto una voz que suene, que siempre
persista en sonar, que no se canse de gritar; eso es lo que hace
que sea voz; pues, si se calla, deja de ser voz para convertirse
en un silencio, que podrá conformismo y tacita aceptación.
Mi vida deberá, pues, ubicarse en la categoría de voz que
oportuna e inoportunamente suena, habla, llama la atención,
exhorta, reprueba, orienta; una palabra, una voz que, cuanto
mayor es el desierto en el que suena, más intensa es su decisión
de persistir.
Alfonso
Milagro.
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Enviado por:
Lumagale, Argentina |
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